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Benchmark Internacional de Políticas de Flota y Movilidad

Arval Mobility Observatory 11 Feb 2026

 

La movilidad corporativa ha dejado de ser un conjunto de decisiones operativas para convertirse en un vector estratégico de competitividad, sostenibilidad y atracción de talento. En este contexto, el análisis comparado de políticas internacionales de vehículo de empresa y movilidad ofrece una visión privilegiada sobre cómo las grandes organizaciones están adaptando sus modelos a un entorno regulatorio, tecnológico y social en profunda transformación.

El Benchmark Internacional de Políticas de Flota y Movilidad de Arval Consulting aporta una radiografía clara y basada en datos sobre cómo las multinacionales están redefiniendo sus políticas de flotas y movilidad a escala internacional, a partir del análisis de políticas actualizadas en 2024–2025 y con alcance mayoritariamente europeo y EMEA (Europa, Oriente Medio y África).

De la política de coche a la política de movilidad

El primer gran aprendizaje del benchmark es conceptual: las políticas de coche de empresa evolucionan hacia políticas integrales de movilidad, que ya no se limitan al vehículo, sino que incorporan criterios de uso, energía, seguridad, flexibilidad y alternativas multimodales.

En entornos multinacionales, estas políticas cumplen una doble función. Por un lado, armonizar decisiones estratégicas (coste, imagen corporativa, objetivos ESG) en mercados con regulaciones muy diversas. Por otro, ofrecer marcos claros y transparentes para los empleados, reduciendo fricciones y mejorando la percepción del beneficio.

Gobernanza: más claridad, más responsabilidad

Uno de los cambios más relevantes respecto a ediciones anteriores es el refuerzo de la gobernanza. El 74 % de las políticas analizadas define explícitamente quién es propietario de la política y cuál es su ámbito de decisión, frente al 64 % en 2023. Predomina un modelo de responsabilidad única, generalmente liderado por RRHH, movilidad o compras, aunque con una clara tendencia hacia estructuras más transversales.

El benchmark identifica tres niveles de gobernanza que empiezan a consolidarse como buena práctica.

  • Estratégico, alineado con los objetivos corporativos globales.
  • Táctico, responsable de la adaptación local y la validación de modelos y marcas.
  • Operativo, centrado en procesos, presupuestos y ejecución.

Este enfoque permite escalar políticas globales sin perder cumplimiento ni eficiencia local.

Coste y ciclo de vida: el TCO como lenguaje común

En materia económica, las políticas convergen hacia una gestión cada vez más madura del Total Cost of Ownership (TCO). Cerca del 70 % de las políticas define de forma explícita los términos contractuales, con una clara preferencia por contratos de 48 meses y kilometrajes totales en el entorno de los 150.000–160.000 km, ajustados por región y perfil de uso.

Esta extensiçón de ciclos responde, en gran medida, a la electrificación: amortizar mejor el mayor coste de adquisición de los vehículos eléctricos y estabilizar los costes mensuales se convierte en una prioridad.

Elegibilidad y flexibilidad: menos jerarquía, más función

El acceso al vehículo de empresa se aleja progresivamente de esquemas puramente jerárquicos. El 62 % de las políticas define la elegibilidad combinando nivel profesional y función o necesidad operativa, mientras que solo una minoría establece criterios estrictamente basados en el grado.

En paralelo, el cash allowance (importe equivalente en nómina en lugar del vehículo) se consolida como alternativa real: el 89 % de las políticas lo permite, frente al 53 % en 2023. Sin embargo, el benchmark alerta de una debilidad recurrente: la falta de transparencia fiscal y de acompañamiento al empleado en la comprensión del impacto neto de esta opción.

Electrificación: del compromiso al control real

La electrificación deja de ser una declaración de intenciones para convertirse en un marco regulado dentro de la política. El 84 % de las políticas analizadas establece límites explícitos de CO₂, normalmente entre 95 y 150 g/km, con objetivos ligados a la reducción progresiva de emisiones o a cuotas de vehículos electrificados por año.

Los BEV avanzan hacia una posición de “primera opción”, mientras que los PHEV pasan de ser una solución estándar a un vehículo de uso condicionado. Un 21 % de las políticas solo los permite bajo aprobación expresa, considerando aspectos como la capacidad real de carga, el TCO o el perfil de uso. Este cambio responde, entre otros factores, al impacto regulatorio de la normativa Euro 6e-bis y al riesgo fiscal asociado a un uso no eléctrico real.

Energía y recarga: la nueva frontera de la política de flotas

Uno de los ámbitos con mayor evolución es la gestión de la energía. El 63 % de las compañías ya ofrece tarjetas de recarga, y el 42 % participa financieramente en la instalación de puntos de carga en el domicilio del empleado, un incremento notable frente a 2023.

El benchmark identifica como estándar emergente los sistemas de recarga inteligente y conectada, que permiten automatizar reembolsos, garantizar el cumplimiento fiscal y obtener datos reales de consumo. La energía pasa así de ser un gasto reembolsado a un activo gestionado.

Movilidad más allá del coche

Casi la mitad de las políticas analizadas incorpora presupuestos o créditos de movilidad, utilizables para transporte público, bicicleta, soluciones compartidas o alquiler puntual. Esta evolución responde tanto a objetivos de sostenibilidad como a una lógica de atracción y retención de talento, especialmente en perfiles urbanos y de bajo kilometraje.

El mensaje es claro: la política de movilidad se convierte en una herramienta de RRHH tanto como de gestión de flotas.

Seguridad, datos y cultura corporativa

La seguridad vial refuerza su peso estratégico. El 84 % de las políticas define estándares de seguridad, el 74 % exige formación obligatoria en conducción segura y el uso de telemática se multiplica: el 70 % de las políticas recientes la recomiendan o imponen, principalmente con fines preventivos, de conducción eco y cumplimiento normativo.

Además, crece significativamente la definición explícita de sanciones y penalizaciones por comportamientos inseguros, reflejando una mayor madurez cultural en la gestión del riesgo.

Una política como palanca de transformación

El benchmark confirma una tendencia de fondo: las políticas internacionales de movilidad ya no son documentos administrativos, sino palancas de transformación corporativa. Gobernanza clara, electrificación realista, gestión inteligente de la energía, seguridad y flexibilidad son hoy los pilares de las políticas más avanzadas.

Para las empresas que operan en España y Europa, este enfoque ofrece una hoja de ruta clara: tratar la movilidad como sistema, anticipar la regulación y utilizar las flotas corporativas como laboratorio real de la transición sostenible.

Benchmark Internacional de Políticas de Flota y Movilidad

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